¿Al final, se trata del petróleo o no?

El año 2026 es uno que, como ya es norma en los últimos tiempos, ha arrancado con turbulencias en el escenario internacional. Estados Unidos lanzó un asalto relámpago en Caracas y se llevó al presidente Nicolás Maduro y a su esposa a Nueva York, actuando de forma unilateral y usando el narcoterrorismo como excusa.

Estos días, la ilegitimidad del gobierno venezolano y la necesidad de un cambio eran temas que apenas generaban debate internacional (después de todo, que casi 8 millones de personas abandonen voluntariamente un país que ni siquiera está en guerra habla por sí solo). Pero claro, un país donde el PIB se desplomó un 86% en 8 años (2012-2020) no es algo que se vea todos los días. Aún así, con todas esas cifras, es difícil negar que la arbitrariedad y el egocentrismo de Estados Unidos al actuar, una y otra vez, contra una nación extranjera sin la aprobación de la ONU es preocupante. Luego llega Rusia en 2022 e invade Ucrania, y los argumentos en su contra suenan huecos e hipócritas, por decir lo menos.

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