Por qué los millennials no entendemos los hoteles todo incluido

Esta publicación fue originalmente escrita en inglés. La traducción puede no reflejar el 100% de las ideas originales del autor.

Mientras hablaba con una amiga, escuché una de las quejas más típicas de los millennials respecto a los objetos de entretenimiento. Ella dijo: “Siento un poco de culpa, porque compré esta cosa y debería usarla más”. Por ejemplo, tener una consola y sentir que no jugamos con ella lo suficiente. Tener una colección de novelas gráficas y sentir que tenemos que leerlo todo, que se gastó dinero en algo.

Y hasta cierto punto, eso es correcto. La inversión económica existió. Pagamos el precio por tener esa cosa, un precio que, a menos que seas heredero, te costó tiempo de tu vida (o dinero, que viene a ser lo mismo). Sentimos que debemos recuperar el tiempo (dinero) perdido.

Pero no tiene sentido.

¿¡Pero qué!?

Ya pagaste el precio por ello. Consumir más o menos no va a generar ningún retorno. De hecho, si te obligas a usar algo solo porque lo compraste, el precio de esa cosa tiende a aumentar. Ya que además de la inversión inicial, dinero (o tiempo, que viene a ser lo mismo), estás gastando más de tu tiempo, incrementando el costo de vida del artículo.

Pero, ¿por qué pasa esto?

Porque nosotros, los millennials, no sabemos diferenciar disponibilidad de obligación. Operamos nuestra vida privada con la misma lógica distorsionada que un turista en el buffet de un hotel todo incluido.

Ante una mesa abundante que ya han pagado, el turista ansioso no se pregunta “¿tengo hambre?” sino “¿qué necesito comer para que valga la pena la tarifa diaria?”. Ignora su propia saciedad (placer) para satisfacer una contabilidad imaginaria (costo). El resultado es indigestión, no satisfacción.

Nosotros llevamos esta “Paradoja del Todo Incluido” a nuestras casas. Miramos la consola apagada o el libro en la estantería no como opciones de ocio disponibles para cuando nos apetezca (el verdadero lujo), sino como platos en el buffet que estamos obligados a tragar para no “perder dinero”.

No logramos entender que el verdadero valor del todo incluido (y de las cosas que compramos) no está en la maximización del consumo hasta el punto de la náusea, sino en la tranquilidad del acceso. Pagaste un precio alto precisamente por el derecho a no tener que hacer cálculos cada vez que quieras jugar. Y, fundamentalmente, también pagaste por el derecho a dejar el videojuego apagado sin culpa.

Así que, relájate. Está bien dejar que el Kindle junte un poco de polvo o mantener la PS5 en modo reposo. No estás “perdiendo dinero”, estás ejerciendo el derecho que compraste: el derecho a tener la opción. El verdadero lujo de este todo incluido que es nuestro hogar es precisamente poder elegir no consumir. No conviertas tu ocio en otra hoja de Excel por rellenar. Si te apetece, úsalo. Si no, igual ya está pagado. Estate en paz.

Así que, Relájate…