BASIC y la arquitectura que perdimos

Esta publicación fue originalmente escrita en inglés. La traducción puede no reflejar el 100% de las ideas originales del autor.

Probablemente has pasado junto a un edificio brutalista sin saber el nombre del estilo. Son esas construcciones de hormigón visto, sin enlucir, donde se aprecian las marcas de los moldes utilizados en el colado. La estructura expuesta. Las tuberías a la vista. Durante mucho tiempo, los ordenadores fueron así.

En los 80, cuando encendías un microordenador (MSX, Apple II, o mi favorito personal, el TK90x/ZX Spectrum), no había escritorio. No había iconos de carpetas simulando una oficina. No había metáfora alguna. Lo que aparecía era un cursor parpadeante, esperando. La máquina te miraba y preguntaba: “¿Cuál es el plan para hoy, jefe?”

Y el lenguaje de esta conversación solía ser BASIC.

Basic

BASIC (Beginner’s All-purpose Symbolic Instruction Code) no era solo un lenguaje, era el sistema operativo y la interfaz de usuario fusionados en una sola cosa. Hoy vivimos en casas prefabricadas con paredes de pladur (Windows, macOS, iOS). Todo es liso, pintado en tonos pastel, seguro, y sobre todo, oculta el funcionamiento interno. El cableado eléctrico y la fontanería se consideran “feos” y peligrosos, escondidos tras capas de abstracción gráfica.

BASIC era brutalismo puro.

Cuando escribías 10 PRINT "HELLO WORLD!", no estabas pidiendo permiso a un gestor de ventanas, que pasaría la petición a un kernel, que programaría la tarea en la GPU. Estabas lanzando cemento fresco sobre la estructura. La relación era táctil. El número de línea (10, 20, 30) no era solo organización sintáctica, era una dirección espacial en la lógica del programa. El comando GOTO, hoy demonizado por la informática como creador de “código espagueti”, era en realidad un pasillo expuesto. Te permitía ver, y decidir, exactamente hacia dónde iba el flujo de ejecución, sin la cortesía de las funciones encapsuladas o la orientación a objetos.

Pero la verdadera y honesta brutalidad de BASIC residía en dos comandos específicos: PEEK y POKE. Si BASIC es la arquitectura expuesta, POKE era un mazo. Permitía que un niño de 10 años escribiera un valor directamente en una dirección física de memoria del ordenador. Sin sandboxing, sin “modo protegido”, sin “permiso de administrador”.

¿Quieres cambiar el color del borde de tu TK90x? No buscabas un menú de “Configuración”. Ibas al manual, encontrabas la dirección de memoria que controlaba el chip de vídeo, y ejecutabas un POKE justo ahí. Estabas alterando la realidad de la máquina a mano. ¿Era posible colgar el ordenador sin remedio? Sí. ¿Era posible hacer que la máquina emitiera un chirrido horrible y se reiniciara? Definitivamente. Pero la casa era tuya. Si querías romper un muro de carga, BASIC te entregaba el mazo y se apartaba.

Esta arquitectura formó a una generación que entendió que el ordenador no es magia, es una máquina de estados finita manipulable. Al cambiar BASIC por interfaces gráficas amigables, ganamos productividad y estética, pero perdimos alfabetización estructural. Hoy somos inquilinos en nuestros propios dispositivos. La arquitectura moderna está diseñada para impedirnos ver el hormigón. El “Syntax Error” fue reemplazado por “Algo salió mal :(”. La honestidad cruda del error lógico fue sustituida por la bondad condescendiente de un sistema que cree que no puedes manejar la verdad.

Quizás no necesitemos volver a escribir números de línea o luchar con memoria limitada. Pero hay algo en la filosofía de BASIC, la idea de que la herramienta debe ser transparente y el usuario debe tener soberanía total, incluso para equivocarse, que falta dolorosamente en nuestra comunidad digital cerrada.

A veces, es saludable ver el hormigón y las tuberías expuestas, solo para recordar que el edificio se sostiene sobre física y lógica, no sobre magia.